Buen comer en Chile. Santiago y más allá...

martes, julio 31, 2007

Con Cariño de Mamá (Pucón)



Quienes amen la cocina de mantel largo y no estén dispuestos a tranzar en la forma en que un plato se presenta, por favor no sigan leyendo. Este comentario es para quienes gustan de lo que tradicionalmente conocermos como ‘picadas’, aquellos lugares que sólo unos pocos descubren, con excelente cocina, módicos precios y alejados de toda masividad.

Esta semana en Pucón visitamos una de nuestras picadas y para nuestra tranquilidad, nos dimos cuenta que ‘Con cariño de Mamá’ se mantiene tal como lo dejamos hace un par de años en nuestra última visita a esta ciudad del sur de Chile. Ubicado en el fondo del Mercado de Pucón, y atendido por su propia dueña, se esconde este pequeño local que alberga un restaurante de 8 mesas que normalmente permanece lleno, por lo que se sugiere llegar temprano. Comida chilena es la especialidad de la casa. Nuestra elección esta vez fue Cazuela y Bistec a lo Pobre, acompañados de un tradicional y cada vez menos malo 120.

El normal pan con mantequilla se reemplaza en este caso por marraquetas y salsa de ají, que resultan deliciosos a la espera de los platos principales. Las papas fritas son caseras y las pocas alternativas de postre (elegimos flan) no importan a la hora de calificar este restaurante de excelente y darnos unos minutos para recomendarlo a ojos cerrados.


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miércoles, junio 20, 2007

Sweet Picante Tortilla Factory



No soy en particular un amante de los Margaritas, pero cada vez que voy de vacaciones a un lugar tropical, no dejo de probar alguno (o varios). No sé si cuando voy al Tortilla Factory me sienta como si estuviera de vacaciones, pero en este lugar tampoco dejo de pedir uno (o varios) cada vez que estoy allí, aunque cada vez los hagan más chicos.

Ayer la idea era celebrar el cumpleaños de una amiga a quien le habíamos comentado del lugar y que no había tenido la oportunidad de conocerlo, así que pese a la lluvia y al frío, partimos rumbo al Alto Las Condes (este local queda al lado).

Nos sentamos en el segundo piso, que con la ampliación del local quedó súper cómodo. Los aromas a comida mexicana nos invadieron rápidamente e insitaron a que por nuestra mesa desfilaran nachos, quesadillas y los tradicionales wraps con arroz, en este caso al estilo Thai y Curry (pues algunos disfrutamos del picante más que otros).

De postre helado de limón y brownie, que si bien correctos desentonan con el enfoque y calidad del resto.

Todos disfrutamos de la velada y si bien me parece un lugar sin mayores pretensiones, creo que es excelente para una reunión informal que entregue las 3B a sus comensales. Absolutamente recomendable.

Para los que no beben Margaritas por supuesto existe la opción del Pisco Sour, al margen de cervezas belgas y la artesanal Kross. También hay bebidas y smoothies para los que gustan de las mezclas de frutas.

La música quizás también desentona en lo suyo. Si bien mayoritariamente es electrónica y no es lo que se esperaría en un restaurante mexicano tradicional, no alcanza niveles como para molestar y colabora en la elaboración del concepto Tortilla Factory, que a esta altura ya es uno de mis favoritos.

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martes, febrero 20, 2007

Lo Interesante e Insólito de Indómita



Muchos deben haber visto el hollywodense letrero de Viña Indómita al viajar desde Santiago a la Quinta Región. Desde antes que lo instalaran tenía el deseo de conocer el restaurante de esta casa vitivinícola, y pese a que el anuncio hizo que mis deseos amainaran, no fue lo suficiente como para sucumbir, por lo que este fin de semana almorcé ahí.

Al llegar la primera impresión es muy buena, pues el lugar resulta impactantemente atractivo. La visión del oriente del valle de Casablanca es inigualable y la arquitectura de la bodega hace que sus vidrios se fundan con el cielo en una visión que a ninguno de los visitantes deja indiferente y todos se sacan fotografías en los sillones que existen en su acceso.

Debo confesar, que más allá de la curiosidad por el restaurante, mi visita estaba motivada también por encontrar algunas botellas del Chardonnay Selected Varietal 2006, que tuve la oportunidad de degustar en el Cata & Vino del año pasado y que me gustó mucho (un vino muy fresco, joven y ligero, que posteriormente fue disntinguido con Medalla de Plata en CataD'or 2006), pero que resulta muy difícil de encontrar en el comercio masivo. La segunda impresión también fue muy buena, pues el vino estaba disponible a un precio muy atractivo. La tienda en general no tiene muchas cosas y no resulta muy interesante, pero con encontrar el vino yo ya me sentía pagado.

Mientras pasábamos al restaurante tuve oportunidad de dar un vistazo a las instalaciones: una bodega y salón de cata con toneles y botellas en el subterráneo; y la bodega con cubas de acero inoxidable y una de madera, las que también se ven desde el restaurante. Esas visiones sumadas a las de un impecable restaurante hacían de nuestra visita una experiencia idílica.

Sin embargo, la comida y la atención no estuvo al tono de lo anterior, ni de las espectativas que la carta generó en todos los comensales. La carta es muy atractiva, con gran presencia de mariscos y pescados en diversas preparaciones capaces de llamar la atención de los más reticentes. Mis opciones fueron unos rolls de centolla y palta (rollos de crema de palta, a mi juicio con demasiado limón, que envolvían a la centolla, con aderezo de betarragas y jengibre, a mi gusto algo insípido), de fondo un Filete de cordero magallánico (con pastelera de choclos... correcto, pero sin mayor gracia) y de postre una mezcla de distintos tipos de chocolates que estaban sublimes.

Nada mal podrán decir, sin embargo, lo que más llamó mi atención fue que el vino no fuera servido a una temperatura acorde. Nuestro Chardonnay estaba fresco pero no frio (recién sacado del interior del wine dispenser, el que estaba siendo recargado justo antes de que nos sentáramos), algo que en otro restaurante no habría sido tan grave como en uno que es de una viña, en el que personalmente espero que el vino sea el protagonista. De la misma forma, tener que pararnos para tomar el vino de la cubeta y servirnos, pues nuestras copas llevaban varios minutos vacías, restó puntos a la experiencia.

En resumen, una visita interesante (que seguramente lo será aún más para quienes tomen el tour de visita a la Viña), pero que no sé si justifica los 64 kilómetros que deben recorrerse desde Santiago si sólo se va a almorzar.

Nota al margen, mi mamá pidió Pastel de Choclo, lo interesante es que viene servido en plato y que en lugar de tener una base de pino, la pastelera se encuentra servida sobre un trozo de carne, con huevo duro de codorniz. Interesante.

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lunes, marzo 13, 2006

Zully: A la altura de las circunstancias...



Pese a estar casado, con mi señora nos empeñamos en seguir celebrando nuestros aniversarios de pololeo. ¡Que nunca falte una buena razón para celebrar!... ni para darse el gusto de ir a comer bien a un lugar lindo.

Había leído mucho acerca del Zully pero no había tenido la oportunidad de ir, por lo que frente a esta oportunidad, decidí apostar por él y no repetirme con un lugar ya conocido. Lo primero que debo decir es que la apuesta pago dividendos.

Lo primero a destacar es la atención, partiendo por el personal encargado de cuidar los autos. Y es que sin ser un conocedor experto del centro de Santiago inicialmente me costó llegar y luego también estacionarme. Como lo hice en un lugar complicado (la angosta y adoquinada calle Concha y Toro) apareció en el lugar un encargado que me preguntó si venía al restaurante, quien ante mi respuesta positiva me guió hasta otra vereda 'reservada' para clientes y que contaba con cuidadores (algo que se agradece para quienes vemos con cierta paranoia a los barrios que no conocermos). Todo perfecto.

Al entrar a la imponente casa uno se da cuenta de que el lugar tiene un estilo propio y de que la velada será al menos interesante. La atención no demora, el aperitivo llega pronto y el pan está tibio y delicioso. Frente a tanta la maravilla que llamó mucho nuestra atención el hecho de que la carta fueran dos hojas corcheteadas, algo que me parece una falta de respeto para el lugar y principalmente para los platos que después probaríamos.

Mi señora pidió una sopa de Zapallo y Coco como entrada, yo pedí Ostiones gratinados (no recuerdo con qué salsa). De segundo ella pidió risotto y yo una carne. Apenas ordenamos apareció el sommelier para ofrecernos vino y ayuda para la selección. Una vez decididos se renovó el hielo de nuestra cubeta y el vino fue destapado esperando que termináramos el pisco sour. A partir de ese momento todo me pareció perfecto, sin ningún reparo, todo lo que uno espera para disfrutar de la cena y la compañía.

La comida fue muy bien presentada y nos pareció exquisita, incluyendo el postre de chocolate que pedimos para compartir. Los tiempos de espera fueron los adecuados, entendiendo por esto que nunca nos sentimos invadidos ni tampoco abandonados por los meseros.

El precio puede resultar elevado para el promedio ($20.000 +- p/p), pero la verdad es que se paga con gusto, además de que por los comentarios que había recibido del restaurante pensé que sería más.

Terminamos la noche felices de conocer un nuevo lugar para celebrar, una experiencia notable y a la altura de nuestros aniversarios anteriores en El Cid, Raúl Correa y Familia, y Cap Ducal. Diría que sólo le faltó la 'guinda al pastel' por los 'peros' que nos generó la presentación de la carta... sólo un detalle para que la experiencia se volviera sublime.

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lunes, diciembre 19, 2005

De qué hablo cuando hablo de buen comer...

Una vez leí una crítica referida a la promesa implícita en cada carta de restaurante. El artículo destacaba cómo al ir a comer, cada uno de nosotros está haciendo una apuesta al momento de elegir un plato de acuerdo a su descripción y valor. Todo porque, a partir del pequeño comentario escrito bajo el nombre, se generan expectativas respecto de la comida y los sabores que se recibirán. Lo paradojal era que este valor se aceptaba antes de saber si el plato en cuestión respondería a las expectativas generadas en virtud de la calidad de los ingredientes, la preparación, el tamaño y una serie de variables personales en las que no vale la pena profundizar.

A lo anterior me gustaría agregar que muchas veces las fotografías incluidas en las cartas tampoco responden a lo que en realidad se recibe y también generan expectativas que no terminan por cumplirse (basta con buscar la foto de alguna hamburguesa y compararla con la que se tiene en la bandeja).

Ciertamente la comida -valga la redundancia- es el factor primordial al momento de ir a un restaurante, sin embargo, no basta con saber que un determinado plato se sirve en un restaurante 'x', si no que también hay que conocer la preparación particular (el toque de la casa), cantidad, ambiente y muchos otros factores que pudieran resultar relevantes para cada uno.

Creo que la experiencia del buen comer no solamente se remite a las recetas y cómo los productos son ubicados en un plato. Por lo mismo no soy muy amigo de las críticas (en especial de las de cine, que en un 80% de las veces te terminan contando la película) y creo que el mejor restaurante será uno distinto para cada quien, dependiendo de las circunstancias, del objetivo, la compañía, el vino, el día que haya tenido el chef, etc.

Eso les digo a mis amigos cuando me piden que les recomiende un lugar para ir a cenar. Creo que conozco muchos lugares -y claramente tengo mis favoritos- pero no por eso creo que a todos les gustarán los mismos. Por eso se me ocurrió partir con este blog, para contar mis experiencias, y ver si alguien se atreve a vivirlas.

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