De qué hablo cuando hablo de buen comer...
Una vez leí una crítica referida a la promesa implícita en cada carta de restaurante. El artículo destacaba cómo al ir a comer, cada uno de nosotros está haciendo una apuesta al momento de elegir un plato de acuerdo a su descripción y valor. Todo porque, a partir del pequeño comentario escrito bajo el nombre, se generan expectativas respecto de la comida y los sabores que se recibirán. Lo paradojal era que este valor se aceptaba antes de saber si el plato en cuestión respondería a las expectativas generadas en virtud de la calidad de los ingredientes, la preparación, el tamaño y una serie de variables personales en las que no vale la pena profundizar.
A lo anterior me gustaría agregar que muchas veces las fotografías incluidas en las cartas tampoco responden a lo que en realidad se recibe y también generan expectativas que no terminan por cumplirse (basta con buscar la foto de alguna hamburguesa y compararla con la que se tiene en la bandeja).
Ciertamente la comida -valga la redundancia- es el factor primordial al momento de ir a un restaurante, sin embargo, no basta con saber que un determinado plato se sirve en un restaurante 'x', si no que también hay que conocer la preparación particular (el toque de la casa), cantidad, ambiente y muchos otros factores que pudieran resultar relevantes para cada uno.
Creo que la experiencia del buen comer no solamente se remite a las recetas y cómo los productos son ubicados en un plato. Por lo mismo no soy muy amigo de las críticas (en especial de las de cine, que en un 80% de las veces te terminan contando la película) y creo que el mejor restaurante será uno distinto para cada quien, dependiendo de las circunstancias, del objetivo, la compañía, el vino, el día que haya tenido el chef, etc.
Eso les digo a mis amigos cuando me piden que les recomiende un lugar para ir a cenar. Creo que conozco muchos lugares -y claramente tengo mis favoritos- pero no por eso creo que a todos les gustarán los mismos. Por eso se me ocurrió partir con este blog, para contar mis experiencias, y ver si alguien se atreve a vivirlas.
A lo anterior me gustaría agregar que muchas veces las fotografías incluidas en las cartas tampoco responden a lo que en realidad se recibe y también generan expectativas que no terminan por cumplirse (basta con buscar la foto de alguna hamburguesa y compararla con la que se tiene en la bandeja).
Ciertamente la comida -valga la redundancia- es el factor primordial al momento de ir a un restaurante, sin embargo, no basta con saber que un determinado plato se sirve en un restaurante 'x', si no que también hay que conocer la preparación particular (el toque de la casa), cantidad, ambiente y muchos otros factores que pudieran resultar relevantes para cada uno.
Creo que la experiencia del buen comer no solamente se remite a las recetas y cómo los productos son ubicados en un plato. Por lo mismo no soy muy amigo de las críticas (en especial de las de cine, que en un 80% de las veces te terminan contando la película) y creo que el mejor restaurante será uno distinto para cada quien, dependiendo de las circunstancias, del objetivo, la compañía, el vino, el día que haya tenido el chef, etc.
Eso les digo a mis amigos cuando me piden que les recomiende un lugar para ir a cenar. Creo que conozco muchos lugares -y claramente tengo mis favoritos- pero no por eso creo que a todos les gustarán los mismos. Por eso se me ocurrió partir con este blog, para contar mis experiencias, y ver si alguien se atreve a vivirlas.
Etiquetas: restaurantes chile servicio buen
