Buen comer en Chile. Santiago y más allá...

martes, febrero 20, 2007

Lo Interesante e Insólito de Indómita



Muchos deben haber visto el hollywodense letrero de Viña Indómita al viajar desde Santiago a la Quinta Región. Desde antes que lo instalaran tenía el deseo de conocer el restaurante de esta casa vitivinícola, y pese a que el anuncio hizo que mis deseos amainaran, no fue lo suficiente como para sucumbir, por lo que este fin de semana almorcé ahí.

Al llegar la primera impresión es muy buena, pues el lugar resulta impactantemente atractivo. La visión del oriente del valle de Casablanca es inigualable y la arquitectura de la bodega hace que sus vidrios se fundan con el cielo en una visión que a ninguno de los visitantes deja indiferente y todos se sacan fotografías en los sillones que existen en su acceso.

Debo confesar, que más allá de la curiosidad por el restaurante, mi visita estaba motivada también por encontrar algunas botellas del Chardonnay Selected Varietal 2006, que tuve la oportunidad de degustar en el Cata & Vino del año pasado y que me gustó mucho (un vino muy fresco, joven y ligero, que posteriormente fue disntinguido con Medalla de Plata en CataD'or 2006), pero que resulta muy difícil de encontrar en el comercio masivo. La segunda impresión también fue muy buena, pues el vino estaba disponible a un precio muy atractivo. La tienda en general no tiene muchas cosas y no resulta muy interesante, pero con encontrar el vino yo ya me sentía pagado.

Mientras pasábamos al restaurante tuve oportunidad de dar un vistazo a las instalaciones: una bodega y salón de cata con toneles y botellas en el subterráneo; y la bodega con cubas de acero inoxidable y una de madera, las que también se ven desde el restaurante. Esas visiones sumadas a las de un impecable restaurante hacían de nuestra visita una experiencia idílica.

Sin embargo, la comida y la atención no estuvo al tono de lo anterior, ni de las espectativas que la carta generó en todos los comensales. La carta es muy atractiva, con gran presencia de mariscos y pescados en diversas preparaciones capaces de llamar la atención de los más reticentes. Mis opciones fueron unos rolls de centolla y palta (rollos de crema de palta, a mi juicio con demasiado limón, que envolvían a la centolla, con aderezo de betarragas y jengibre, a mi gusto algo insípido), de fondo un Filete de cordero magallánico (con pastelera de choclos... correcto, pero sin mayor gracia) y de postre una mezcla de distintos tipos de chocolates que estaban sublimes.

Nada mal podrán decir, sin embargo, lo que más llamó mi atención fue que el vino no fuera servido a una temperatura acorde. Nuestro Chardonnay estaba fresco pero no frio (recién sacado del interior del wine dispenser, el que estaba siendo recargado justo antes de que nos sentáramos), algo que en otro restaurante no habría sido tan grave como en uno que es de una viña, en el que personalmente espero que el vino sea el protagonista. De la misma forma, tener que pararnos para tomar el vino de la cubeta y servirnos, pues nuestras copas llevaban varios minutos vacías, restó puntos a la experiencia.

En resumen, una visita interesante (que seguramente lo será aún más para quienes tomen el tour de visita a la Viña), pero que no sé si justifica los 64 kilómetros que deben recorrerse desde Santiago si sólo se va a almorzar.

Nota al margen, mi mamá pidió Pastel de Choclo, lo interesante es que viene servido en plato y que en lugar de tener una base de pino, la pastelera se encuentra servida sobre un trozo de carne, con huevo duro de codorniz. Interesante.

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