Zully: A la altura de las circunstancias...
Pese a estar casado, con mi señora nos empeñamos en seguir celebrando nuestros aniversarios de pololeo. ¡Que nunca falte una buena razón para celebrar!... ni para darse el gusto de ir a comer bien a un lugar lindo.
Había leído mucho acerca del Zully pero no había tenido la oportunidad de ir, por lo que frente a esta oportunidad, decidí apostar por él y no repetirme con un lugar ya conocido. Lo primero que debo decir es que la apuesta pago dividendos.Lo primero a destacar es la atención, partiendo por el personal encargado de cuidar los autos. Y es que sin ser un conocedor experto del centro de Santiago inicialmente me costó llegar y luego también estacionarme. Como lo hice en un lugar complicado (la angosta y adoquinada calle Concha y Toro) apareció en el lugar un encargado que me preguntó si venía al restaurante, quien ante mi respuesta positiva me guió hasta otra vereda 'reservada' para clientes y que contaba con cuidadores (algo que se agradece para quienes vemos con cierta paranoia a los barrios que no conocermos). Todo perfecto.
Al entrar a la imponente casa uno se da cuenta de que el lugar tiene un estilo propio y de que la velada será al menos interesante. La atención no demora, el aperitivo llega pronto y el pan está tibio y delicioso. Frente a tanta la maravilla que llamó mucho nuestra atención el hecho de que la carta fueran dos hojas corcheteadas, algo que me parece una falta de respeto para el lugar y principalmente para los platos que después probaríamos.
Mi señora pidió una sopa de Zapallo y Coco como entrada, yo pedí Ostiones gratinados (no recuerdo con qué salsa). De segundo ella pidió risotto y yo una carne. Apenas ordenamos apareció el sommelier para ofrecernos vino y ayuda para la selección. Una vez decididos se renovó el hielo de nuestra cubeta y el vino fue destapado esperando que termináramos el pisco sour. A partir de ese momento todo me pareció perfecto, sin ningún reparo, todo lo que uno espera para disfrutar de la cena y la compañía.La comida fue muy bien presentada y nos pareció exquisita, incluyendo el postre de chocolate que pedimos para compartir. Los tiempos de espera fueron los adecuados, entendiendo por esto que nunca nos sentimos invadidos ni tampoco abandonados por los meseros.
El precio puede resultar elevado para el promedio ($20.000 +- p/p), pero la verdad es que se paga con gusto, además de que por los comentarios que había recibido del restaurante pensé que sería más.
Terminamos la noche felices de conocer un nuevo lugar para celebrar, una experiencia notable y a la altura de nuestros aniversarios anteriores en El Cid, Raúl Correa y Familia, y Cap Ducal. Diría que sólo le faltó la 'guinda al pastel' por los 'peros' que nos generó la presentación de la carta... sólo un detalle para que la experiencia se volviera sublime.
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